Estrés postraumático y ansiedad por el covid: síntomas y cómo combatirlos ‘desde dentro’

Quienes hayan vivido una situación dura en la crisis del coronavirus, pueden llegar a recordar dicho acontecimiento en bucle: es lo que se define como estrés postraumático

La incertidumbre se ha apoderado aún más de la vida en plena pandemia por el coronavirus SARS-CoV-2. Aunque el ser humano suele encontrar una respuesta ante cualquier situación que se le presente, tal y como explica el psicólogo Manuel García Palomo, aquellos que han vivido la crisis sanitaria del covid-19 desde primera línea pueden llegar a tener dificultades para ser resilientes y tener la capacidad de superar o aceptar situaciones traumáticas, lo que implicaría asentarse en un bucle de sufrimiento en el que se revivirían los peores acontecimientos que ha desatado el coronavirus, como el fallecimiento de un familiar o un paciente, entre otras situaciones.

Lejos de lo que algunas voces ya han decidido calificar como ‘pandemia’ de trastornos psicológicos, en relación a los problemas vinculados a la salud mental que podrían adquirir un mayor protagonismo en la sociedad tras la cuarentena obligatoria por el covid-19, para la catedrática de Psicología Clínica de la Universidad Complutense, María Paz García Vera, una cosa esta clara: aunque sólo un 15 o 20% de la gente más vulnerable sufra problemas psicológicos derivados de la amenaza que ha supuesto el coronavirus, “más nos vale reforzar nuestros recursos de apoyo psicológico».

García Vera es, precisamente, la coordinadora del servicio telefónico de atención psicológica por el coronavirus que el Ministerio de Sanidad ha dispuesto, en conjunto con el Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos (COP), para atender especialmente a familiares de enfermos o fallecidos por el SARS-CoV-2, así como a trabajadores esenciales que han intervenido de forma directa en la gestión de la pandemia. A lo largo de la epidemia, 45 profesionales, “cualificados para atender situaciones de crisis y emergencia”, han descolgado el auricular en más de 9.000 llamadas, con aproximadamente un 70% de contactos realizados por población general, un 21% de peticiones de familiares de fallecidos por la enfermedad y un 9% de “intervinientes, principalmente sanitarios”.

El estrés postraumático es un trastorno que pueden experimentar personas que han sufrido una situación traumática y que reviven dicho acontecimiento con temor

Aunque buena parte de quienes llaman no han sufrido la pérdida de un familiar y representan al colectivo de la población general que, al estar más alarmada, pueden experimentar “ansiedad y tristeza”, emociones lógicas ya que “la amenaza no ha desaparecido y se han perdido muchas cosas”, serán los grupos más vulnerables —trabajadores sanitarios y personal que ha trabajado en centros hospitalarios, policías, guardias civiles, Ejército y, en definitiva, todos aquellos que han sufrido “una situación de máximo estrés y riesgo para su integridad y la de los suyos»— los que sí tengan más probabilidades de sufrir consecuencias psicopatológicas a largo plazo, entre las que se puede encontrar el estrés postraumático, un trastorno que pueden experimentar aquellas personas que han sufrido una situación traumática y por el que reviven dicho acontecimiento con temor, que hace que “se produzcan cambios en el organismo y la persona responda como si en ese momento estuviera reviviendo el peligro”, de acuerdo con lo que explica García Palomo.

Además del estrés postraumático, el personal sanitario también podría enfrentarse a otro tipo de síndromes, como el conocido por el anglicismo del ‘burnout’, «una sensación de estar quemados que puede aparecer tras haber atendido constantemente situaciones críticas en los hospitales», tal y como explica el psicólogo de la Asociación Mentes Abiertas y experto en intervención de la ansiedad y el estrés, Ignacio Calvo Rodríguez. Entre los más vunerables, aunque no se suele meter en el mismo saco a este tipo de colectivos, María Paz García Vera, quien también ha trabajado en la asistencia psicológica de víctimas del terrorismo como los afectados por el 11-M, recuerda que también hay que contar con aquellos que, estando en confinamiento, “tenían ya factores de riesgo añadidos”, como las mujeres que sufren violencia machista, quienes sufren maltrato por parte de hijos o aquellas personas que han tenido una convivencia difícil por el limitado espacio, falta de luz o recursos, así como los que han perdido su trabajo.

No obstante, no todos están tan expuestos a sufrir consecuencias psicopatológicas a largo plazo. “Desde luego, podrían sufrir estrés postraumático familiares de enfermos o fallecidos aunque no hubieran presenciado directamente la gravedad del sufrimiento de los suyos. Excepcionalmente, también algunos trabajadores que trabajen con cadáveres en el día a día podrían ser asimismo diagnosticados. En lo que se refiere al resto, podemos hablar de ansiedad, depresión, pero no de estrés postraumático”, explica la catedrática de la UCM. No obstante, recalca, “lo que caracteriza este trastorno no es que haya una gran intensidad emocional, pues no todo el mundo reacciona del mismo modo ante una situación grave que pone en peligro su vida y la de los demás. Hay gente que reacciona con intensidad emocional pero otros se quedan aturdidos o embotados emocionalmente. Hay muchas reacciones ante situaciones que ponen en peligro nuestra vida, la intensidad emocional no es la única”.

Los síntomas con los que se hace notar el estrés postraumático pueden cambiar dependiendo del caso, con reacciones que pueden atender a una actitud hipervigilante de la realidad o sensaciones que pueden apuntar a que se están viviendo las cosas desde fuera, “como si ya no fuéramos capaces de experimentar emociones positivos”. Entre los síntomas más comunes, se puede experimentar:

  • Irritabilidad
  • Ataques de ira repentinos que antes no estaban presentes
  • Respuestas exageradas de sobresalto y reacciones emocionales exageradas cuando aparecen situaciones relacionadas con el acontecimiento traumático
  • Ideas negativas recurrentes sobre el mundo, la sociedad o uno mismo
  • Insomnio o dificultad para dormir
  • Recuerdos intrusivos de lo ocurrido, como pesadillas o ‘flashbacks’
  • Rechazo a tener contacto con amigos y/o familia al recordar lo sucedido, “con el consiguiente aislamiento y pérdida de los recursos de apoyo social”
  • Manifestaciones físicas como dolores de cabeza, náuseas, dolor en el pecho…

En el caso de los menores de edad, las pesadillas sobre el acontecimiento —con la figura de monstruos de por medio—, la recreación del accidente con juegos repetitivos, la sensación de un futuro desolador, que puede llegar a traducirse en “creencias de que su vida no durará para llegar a adulto o en el pensamiento de poseer una especial capacidad para pronosticar futuros acontecimientos desagradables”, tal y como explica García Vera, y síntomas físicos como “dolores de estómago y de cabeza” son también señales compatibles con un posible estrés postraumático, que siempre deberá ser diagnosticado y tratado en manos de profesionales.

Saber reaccionar tras lo ocurrido es un camino difícil en el que se necesitan herramientas y la guía de psicólogos especialistas. De acuerdo con lo que señala María Paz García Vera, una de las características más importantes de esta pandemia tiene que ver con el hecho de que ha sido «una auténtica catástrofe en el sentido de que los recursos necesarios para hacerle frente han superado con creces los recursos que teníamos, incluso en los países más desarrollados. Por eso, ha habido que generar recursos extraordinarios», como es el caso de las líneas telefónicas que atenderán, al menos hasta finales de mayo, a todas aquellas personas afectadas por lo que está ocurriendo.

En un escenario de amenaza global de duración prolongada, lo primero que puede ayudarnos es intentar comprender por qué nos pasa lo que nos pasa, es decir, entender que necesitamos procesar lo vivido y que, al pensar en ello, “no lo procesamos adecuadamente”. “Los síntomas no mejorarán de inmediato, pero lo harán gradualmente, conforme adquiramos la consciencia de que su aparición no se ajusta a la realidad presente, sino al temor de que se produzca el hecho traumático”, sostiene García Palomo.

¿Qué pasa con la ansiedad?

De forma generalizada, el estrés o la ansiedad pueden ser emociones aún más comunes en la sociedad post-covid. “Se van a dar más casos de ansiedad que miedo en sí, ya que no nos estamos enfrentando a una guerra en la que nos pueden atacar de forma directa y es más un problema de ansiedad, fruto de la anticipación de lo que nos puede pasar”, señala en este sentido Calvo Rodríguez. En plena desescalada, y teniendo en cuenta el hecho de que en algún momento se producirá la vuelta al trabajo de forma presencial —lo que para algunos puede ser visto como un espacio inseguro— y la utilización de un transporte público diferente, “tenemos que trabajar en el manejo del estrés, que puede conllevar la necesidad de pensar en la capacidad que tenemos de controlar las cosas”, asevera este experto en intervención de la ansiedad y el estrés.

[Guía para la gestión de la ansiedad]

“El control percibido es un factor de regulación del estrés en el caso de que consideremos que hay una parte que sí depende de nosotros, que es lo que se llama locus de control interno, mientras que hay otra parte que depende de circunstancias externas que nosotros no podemos cambiar”, advierte el psicólogo, a la par que insta a fomentar un mayor locus de control interno para evitar sensaciones negativas en esta epidemia. “Necesitamos que haya un equilibrio entre lo que es nuestra capacidad de control interno y las circunstancias externas, para que así entremos en otro concepto que es lo que se llama la flexibilización psicológica: tenemos que ser flexibles a la hora de adoptar estrategias que sean adecuadas al momento actual y no partir de la base de la normalidad que había antes del virus. En lugar de esquemas mentales rígidos, hay que ampliar nuestras estrategias y vivir el día a día, sin pensar mucho en el futuro ya que no hay una noción concreta de lo que va a pasar”, añade Calvo Rodríguez, quien apela también a la importancia de establecer pautas rutinarias siempre que no sean cuadriculadas y contar con una red de apoyo social para, por lo menos, desahogarnos a través de una videollamada en el tiempo que no podamos ver a familiares y amigos durante la desescalada.Cómo afrontar el miedo a salir de casa por el coronavirusAda Nuño

Al igual que algunas personas pueden llegar a desarrollar miedos como la agorafobia, otras tardarán más en recuperarse. “A falta de un tratamiento eficaz o de una vacuna, nuestra principal arma para vencer a este virus es nuestro comportamiento, y por eso debemos controlarlo. Si no controlamos las medidas de seguridad y volviera a haber un repute, con el consiguiente confinamiento, creo que lo que tendríamos , además de ansiedad, sería una sensación de fracaso y de desesperanza, porque no veríamos en el horizonte cuándo va a terminar todo esto”, valora por su parte la catedrática de la UCM. García Vera aboga por que en la ‘nueva normalidad’ se implante, como ya ha pasado en algunos supermercados o en el Metro de Madridseñales que nos recuerden que guardemos la distancia interpersonal de al menos dos metros así como el frecuente lavado de manos para que “no nos olvidemos de los comportamientos que debemos seguir”.

“El manejo de nuestras emociones y el manejo del estrés son sin duda la principal herramienta, nuestro principal recurso para hacer frente a todo esto. El problema es que estos recursos no se enseñan en ninguna parte y mucha gente sufre doblemente al no saber cómo manejar sus emociones en situaciones complicadas”, denuncia García Vera en relación con la falta de psicólogos en atención primaria y en todo el sistema de salud. Para el psicólogo de la Asociación Mentes Abiertas, una entidad que surgió en 2011, en plena crisis económica, para ofrecer terapia a un precio más asequible “cuando había una necesidad de apoyo psicológico mucho mayor que la oferta, sobre todo en lo que a la salud pública se refiere”, también sería necesario que a nivel gubernamental se tomen acciones para poner al alcance de más gente la ayuda psicológica y que la sociedad “lo viva también con normalidad. En las primeras semanas de confinamiento obligatorio en España, cuenta, adaptar las sesiones de los pacientes de forma telemática no fue fácil. Sin embargo, “con el paso de las semanas hemos visto que se han animado porque realmente hay una necesidad para no cortar las terapias de golpe. Es una alternativa posible y ya lo era antes, aunque siempre como una segunda opción” tras la terapia presencial.

El Confidencial

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *